Eran como las diez y media de la mañana y la oficina seguía con su ritmo normal. El sonido de los teclados, gente hablando en voz baja y el olor a café recién hecho. Valeria estaba concentrada mirando unos diseños en su tableta cuando sintió que Emma la estaba mirando otra vez. Dejó el lápiz digital sobre la mesa y levantó la vista.
—Anda vamos, suéltalo ya—dijo, pero Emma fingió que estaba muy ocupada en su computadora.
—No sé de qué hablas —dijo sin mirarla. Valeria se recostó en la silla y