212. MAR DORMIDO
NARRADORA
Varun se asombró un poco al ver a esa humana abrir la ventana y subirse sobre algo.
Sacó medio cuerpo estirando su pequeña mano; la expresión ansiosa en su rostro lo hizo fruncir el ceño.
Su padre siempre le había dicho que estas criaturas eran malignas, codiciosas de sus tesoros, traicioneras, contaminaban las aguas y los perseguían como fenómenos.
Sus ojos azules bajaron a la suave palma; solo tenía que estirar los dedos y podría tocar a esa medusa de fuego.
—¡Vamos, colita de pez,