172. ERES LA ÚNICA PARA MI
MÓNICA
Gemía entrecortado con un lobo cachondo follándome desde atrás.
Mis senos se balanceaban sobre la superficie de madera, la mesa del escritorio traqueteaba cada vez más de prisa mientras las penetraciones aumentaban de intensidad.
Mi uniforme remangado hasta la cintura, a medio abrir los botones del frente, el ajustador subido exponiendo las tetas, con la panti destrozadas en mi coño que ahora recibía el ardiente falo de mi hombre.
—Henry, ¡aahhh, sí, sí, mi macho, me encanta cómo me mont