Abrí mis ojos sobresaltada con el corazón acelerado. Miré a mi alrededor buscando a Austros o Balios, pero no estaban. Una pequeña habitación me rodeaba, con paredes azul cielo y cortinas blancas. Era de noche y la brisa fría entraba por las ventanas, una manta de color blanco me cubría y tenía un suero conectado a mi brazo. Miré a mi derecha y el corazón se me detuvo. Felis estaba totalmente dormido en el sofá. Mis ojos se tornaron llorosos e intenté levantarme pero no tenía fuerzas. Llevé una