El brazo de Deimos abrazaba mi cintura cuando desperté. Su respiración estaba tranquila y su rostro transmitía una profunda serenidad. Seguramente estaba agotado luego del día anterior. Me levanté con cautela, sacando mi cuerpo por debajo de su brazo y saliendo de la cama en total silencio para evitar despertarlo, necesitaba un buen descanso. Anoche me había puesto una de sus camisas para dormir y no podía perder tiempo buscando mi ropa. Había pasado toda la noche buscando solución para la situ