Los labios de Gerión seguían devorando los mios a tal punto que sentía que en cualquier momento iba a perder la fuerza en mis piernas. Él pareció notarlo y me impulso con sus manos hasta sus caderas donde enrede mis piernas sin separar nuestros labios. Él entró a la cabaña y el calor del lugar abrazó mi cuerpo helado.
Mis manos agarraron la goma que siempre llevaba recogido la melena del hermano mayor y me deshice de ella para enredarlas en su cabello, él soltó un gruñido y mordió mi labio infe