Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio que siguió a la revelación de Isabella había durado exactamente cuarenta y siete segundos —ella los había contado, observando cómo las manecillas del reloj de péndulo dorado se movían con una lentitud que parecía burlarse de la gravedad del momento—. Cuarenta y siete segundos en los que los miembros del Consejo Real habían procesado que su reina no era realmente de sangre real, sino una joyera







