Amara llega a la empresa cuando ya ha pasado la medianoche, con el cansancio clavado en los hombros y una presión incómoda en el pecho que intenta ignorar repitiéndose que solo será una reunión breve, un trámite necesario, algo que no puede postergar porque el socio que la citó es uno de los inversores clave para la reconstrucción de Laveau, y mientras el ascensor sube lentamente, se dice que no está huyendo de Liam, que no está escapando del conflicto que dejaron inconcluso en la habitación, que simplemente está haciendo lo que siempre ha sabido hacer mejor, resolver, sostener, avanzar aunque el cuerpo y el corazón pidan pausa.
Cuando las puertas se abren, lo ve de inmediato, sentado en la sala de juntas como si el tiempo no hubiera pasado, con el mismo porte seguro, el mismo gesto tranquilo y esa sonrisa apenas ladeada que alguna vez fue parte de su mundo cuando todavía no era Amara Laveau sino solo una joven ambiciosa intentando abrirse camino en un ambiente que la subestimaba por