Liam sabe que Amara está a punto de volver. No lo sabe por un mensaje, ni por una llamada, ni siquiera por una confirmación concreta, lo sabe de una forma más incómoda y profunda, como se saben las cosas que uno no quiere enfrentar, porque hay algo en el ambiente que se vuelve más denso, en el aire que parece cargarse de una electricidad sorda, en la manera en que el tiempo se estira y se comprime al mismo tiempo, que le indica que el momento que lleva días evitando ya no puede postergarse mucho más. Y aun así, aunque la extraña con una intensidad casi insoportable, aunque se despierte cada mañana con la sensación física de que algo esencial falta en la casa, aunque el silencio nocturno le recuerde constantemente la ausencia de los cuerpos pequeños de sus hijos, no quiere verla, no quiere enfrentarla, no quiere sostener una conversación para la que todavía no tiene palabras, ni energía, ni la certeza de que no va a romperse en el proceso.
Por eso se queda más tiempo en el trabajo.
No