La casa está en silencio cuando Amara cruza el umbral, un silencio espeso, cargado de una tensión que parece haberse instalado en las paredes durante su ausencia, como si cada objeto hubiera sido testigo de algo que aún no termina de decirse, y apenas cierra la puerta detrás de ella, ese silencio se quiebra con el leve clic de la cerradura, un sonido insignificante que, sin embargo, le atraviesa el pecho como una advertencia, porque sabe en ese instante que ya no hay marcha atrás, que todo lo q