El llanto de las sirenas acompaña la carrera desesperada hacia el hospital privado que pertenece a Carlota. Liam conduce con una mano mientras con la otra sostiene el teléfono en altavoz, recibiendo instrucciones de urgencia del personal médico que ya está preparando el ingreso. Amara está en el asiento trasero, sosteniendo la cabeza de Carlota en su regazo, presionando el torniquete que ella misma se hizo para evitar desangrarse. Sophie y Cristóbal van también atrás, intentando ayudar como pue