De repente, los gritos en la recepción rompen el frágil silencio que había entre ellos, arrancándolos de sus pensamientos. El sonido de voces alteradas resuena por el pasillo, haciendo que Cristóbal retire la mano de la mesa con brusquedad, como si algo lo hubiera sacudido por dentro.
Úrsula frunce el ceño, mientras la furia se acumula dentro de ella como una tormenta. La situación se le escapa de las manos más rápido de lo que puede controlar, su respiración se acelera, el calor de la ira se