Liam se pasa una mano por el rostro con un gesto cansado, como si al hacerlo pudiera borrar de golpe todo lo que viene acumulando desde hace meses: el miedo, la culpa, la sensación constante de estar siempre un paso atrás de alguien que juega sin reglas. El mapa sigue desplegado sobre la mesa, inmóvil, indiferente a la gravedad de lo que representa.
–Dilo claro –dice al fin, levantando la mirada hacia Carlota. – Sin rodeos. ¿Dónde?
Carlota no duda. Apoya el dedo índice sobre un punto casi inv