–La realidad no tardó en alcanzarnos –dice, con la voz más áspera. –Su padre me hizo llamar a su oficina al día siguiente. Me recibió con la frialdad con la que se deshace de cualquier problema insignificante. Y entonces… me destruyó. Me dijo que nunca sería suficiente para Amara, que mi lugar estaba muy por debajo del suyo. Que si de verdad la quería, lo mejor que podía hacer era desaparecer de su vida.
Úrsula lo mira con los ojos entrecerrados, analizando cada gesto, cada matiz de su voz.