Sophie y Cristóbal vuelven a la casa con el cuerpo cansado y la cabeza llena de pequeñas preocupaciones cotidianas, esas preocupaciones que se vuelven una forma de defensa cuando uno vive escondido: si el pan alcanzará, si el vecino los miró demasiado, si el camino de regreso fue el mismo que ayer, si el teléfono vibró por error o por amenaza. Sophie entra primero, sacudiéndose el frío de los hombros, dejando el bolso sobre una silla, y lo primero que nota es el silencio extraño, un silencio qu