Sophie asiente, temblando, y sin esperar permiso avanza hacia la puerta, con las manos frías, el cuerpo entero ardiéndole por dentro, como si se estuviera acercando al borde de una verdad que no quiere tocar.
Carlota la detiene apenas con una frase. –Entrá con calma –dice. – No la alteres.
Sophie lo intenta. Lo intenta de verdad. Pero cuando abre la puerta y ve a Amara en la camilla, pálida, con los ojos rojos, con Liam a su lado sosteniéndole la mano como si con eso pudiera sostener la vida