Salir del hospital no se siente como un alivio. No hay esa descarga habitual que llega cuando una crisis termina, porque la crisis no terminó: apenas cambió de forma. Amara avanza despacio por el pasillo, apoyada en Liam de un lado y en Carlota del otro, con pasos medidos, como si su cuerpo estuviera aprendiendo de nuevo a moverse después de haber estado al borde de una caída que todavía no logra dimensionar del todo. Lleva una carpeta bajo el brazo con indicaciones médicas, recetas, fechas de