Liam despierta con la sensación de que algo está profundamente mal incluso antes de abrir los ojos, porque el cuerpo le pesa de una manera antinatural, como si no le perteneciera del todo, como si cada músculo hubiera sido drenado de fuerza y reemplazado por una rigidez torpe, incómoda, y cuando intenta moverse descubre la resistencia inmediata, brutal, de las ataduras tensándose contra su piel.
Abre los ojos de golpe.
El techo no le resulta familiar.
No es el del pueblo, ni el de ninguna casa