Carlota se arrodilla frente a ella, el miedo reflejado sin filtros en su rostro.
–Vamos a recuperarlos –dice, aunque no sabe cómo. –Te lo prometo. Vamos a encontrarlos.
Pero Amara ya no escucha.
Su mirada está perdida, fija en un punto inexistente. El shock emocional se instala con una fuerza silenciosa, devastadora. No hay histeria. No hay explosión. Solo una desconexión profunda, peligrosa, como si el cuerpo siguiera funcionando por inercia mientras la mente se retrae para no morir.
–Liam… –m