Amara lo mira fijamente, con los ojos abiertos por la incredulidad, como si acabara de escuchar algo tan absurdo que su mente se negara a procesarlo con normalidad, porque durante un instante tiene la sensación de que Jean Pol no puede estar hablando en serio, de que aquello que acaba de decir debe ser una provocación cruel o una de esas bromas retorcidas que él disfruta lanzar cuando quiere desestabilizar a alguien, pero la calma con la que permanece de pie frente a su escritorio, con los homb