Sophie se levanta de su asiento tan bruscamente que la silla se desliza hacia atrás con un chirrido seco contra el piso, y durante un segundo permanece inmóvil con el teléfono todavía en la mano, tratando de comprender si lo que acaba de escuchar ha sido real o si su mente está exagerando las palabras de aquel desconocido que habló con una calma tan perturbadora que ahora el eco de su voz parece seguir vibrando dentro de su cabeza; sin embargo, la imagen que se forma en su mente –los hijos de A