La mañana parece una postal perfecta: el sol brilla con fuerza, el aroma a café recién hecho flota en el aire, y el murmullo elegante de tacos resuena sobre el mármol blanco. Las modelos van y vienen por los pasillos, los diseñadores murmuran frente a las mesas de bocetos, y los teléfonos no paran de sonar
En el piso 34, Carlos Laveau, impecablemente vestido con un traje italiano, se desplaza entre su equipo con su habitual aire de superioridad. Sonríe. Reparte órdenes. Firma contratos. Como s