El hospital huele a desinfectante y a madrugada, aunque todavía no es de noche. Amara cruza las puertas automáticas con el corazón acelerado, sintiendo que cada paso pesa más de lo que debería. No recuerda cómo llegó hasta allí. Solo recuerda el miedo clavándosele en el cuerpo como una advertencia tardía, la imagen de Sophie cayendo al suelo repitiéndose una y otra vez, y la certeza insoportable de que esta vez no podría soportar ser la causa de otro daño.
Pregunta en recepción con la voz temb