Días después
La última pieza no aparece como una revelación limpia ni como ese momento casi cinematográfico en el que todo encaja de golpe. No hay luces, ni música interna, ni alivio. Llega de la peor manera posible: a través del cansancio acumulado, de la obsesión que ya no distingue horarios, y de una coincidencia mínima, insignificante en apariencia, que solo se vuelve visible cuando alguien ha pasado demasiado tiempo mirando en la oscuridad y aprendió a no apartar la vista.
Carlos lleva h