Amara ni siquiera la mira. Sophie se acerca un poco más, con cuidado, como si cualquier movimiento brusco pudiera hacerla romperse aún más, y la envuelve con los brazos, apoyando la cabeza en su hombro, apretándola contra su cuerpo con una firmeza suave, sostenida, como quien intenta anclar a alguien que se está hundiendo.
–Va a salir bien –susurra, muy cerca de su oído. – Te lo prometo. No te voy a soltar. No estás sola.
Las palabras son sinceras, pero llegan tarde porque Amara se tensa.Prim