Amara despierta sobresaltada, con el corazón latiéndole rápido, desorientada, con esa sensación incómoda de haber dormido mal, de haber esperado algo que no ocurrió, y lo primero que hace, incluso antes de sentarse, es girar la cabeza buscando a Liam en el otro lado de la cama pero está vacío
Se incorpora de golpe, mientras el miedo se le instala en el cuerpo y con una rapidez brutal, porque el vacío no es solo el de la cama, es el de la habitación entera cuando se da cuenta de que las cunas portátiles tampoco están.
–No… –susurra, levantándose casi a los tropiezos.
El recuerdo de Kate, de ese día en que todo se volvió pesadilla, le cruza la mente como un latigazo, y el pánico no le da tiempo a pensar con claridad.
Camina rápido hacia la sala, con el pulso desbocado, y entonces lo ve.
Liam está de espaldas, inclinado sobre uno de los coches, cambiando a uno de los bebés con movimientos tranquilos, seguros, como si llevara toda la vida haciéndolo.
Amara se queda quieta un segundo, resp