Luego de horas manejando por una carretera que parecía interminable, rodeados por un silencio espeso que no era cómodo ni casual sino cargado de todo aquello que ninguno de los dos se animaba a decir, llegan finalmente a la mansión, y lo hacen sin mirarse, sin comentar el paisaje, sin discutir, como si ambos supieran que cualquier palabra podría convertirse en una herida más profunda de la que ya cargaban, y Liam estaciona el auto con movimientos mecánicos, apaga el motor y desabrocha su cintur