El hospital entero pareció contener la respiración.
La noticia corrió como un incendio por los pasillos: la señora Agnes Nikolaou, directora del hospital y esposa del doctor Ares Nikolaou, había ingresado inconsciente a urgencias. Nadie necesitó confirmarlo dos veces. Las miradas se cruzaban cargadas de miedo, los murmullos se apagaban, apenas alguien pasaba cerca, y el ambiente, normalmente caótico, se volvió denso, casi irrespirable.
Agnes no era solo una paciente más.
Era la jefa.
Era la esp