Me incorporé con la sensación de haber sido atropellada por un camión, retrocedió y pasó otra vez encima por si acaso. Mi razón gritaba.
“Yo puedo con todo”
La realidad; hecha un desastre con patas.
Respiré hondo, junté el poco valor que me quedaba y me levanté para ir al baño. Cuando encendí la luz y me vi en el espejo…
Ay, no…
Susurré con horror y ganas de volver a llorar.
Parecía un pug triste. O un pez globo. O un pug pez globo, sinceramente.
Los ojos hinchados, los párpados casi pegados, la nariz roja, las mejillas inflamadas… Parecía que había tenido una pelea a puños con mis propias emociones.
Y perdí.
—Genial —me quejé—. Justo lo que necesito el día de mi boda… parece que rodé de cara por las escaleras.
De nuevo me invadieron ese montón de emociones, eran tantas que no podría nombrarlas. Pensé;
Que las maquillistas hagan un milagro hoy. Un milagro tipo “resucitar a Lázaro”, porque honestamente… lo voy a necesitar. Necesito ser una novia feliz. El bloque de hielo va a m