Denayt levantó el teléfono enfocando el cielo. El verde y el violeta bailaban sobre ellos, la imagen era perfecta. Tomó un par de fotos. Cuando las revisó se dio cuenta de algo. En una de las fotos aparecía él de perfil, con el abrigo oscuro ondeando con el viento, los ojos clavados en el infinito, parecía parte del paisaje. Las luces reflejaban sobre su piel un resplandor frío, casi irreal.
Un príncipe tallado en hielo.
Pensó sin querer. Su pecho se encogió.
Maldijo en silencio.
¿Desde cuá