La cena comenzó con el sonido suave de las copas y el murmullo de las conversaciones en distintos idiomas. Los meseros se movían con precisión, sirviendo platos impecablemente presentados. Denayt se esforzaba por mantener una sonrisa serena, aunque por dentro, la presión le oprimía el pecho. Cada gesto, cada mirada sobre ella la estaban asfixiando.
Empezó a entrelazar los dedos sobre su regazo, enredándolos una y otra vez, como si allí pudiera esconder su ansiedad. Una cosa era cenar a solas