Esas últimas palabras no las entendí. Como si fuera lo más normal del mundo empezó a enumerar algunas cosas que teníamos que hacer. Para ese viernes debía estar lista porque saldríamos a comer, según lo que entendí, era necesario que empezara a acostumbrarme a estar en lugares públicos con él. En ese momento olvidé cómo se respiraba. Sentí que el aire me abandonaba de golpe y que mi pecho se cerraba, como si de pronto hubiera paredes dentro de mí. Mis manos temblaron debajo de la mesa y un cal