Capítulo 14.

Su sonrisa se tensó, apareció la sombra de un tic en su mandíbula. Un movimiento casi imperceptible, pero suficiente para saber que mi golpe había llegado.

Alexander Crane adoraba jugar. Lo que nunca aprendió es que, conmigo, siempre terminaba perdiendo.

Sin más, seguí mi camino. No valía la pena perder mi valioso tiempo con alguien como él. Lo único que quería era llegar a mi casa y olvidar el mal rato.

Cuando crucé la puerta me encontré con su mirada, olvidaba ese insignificante detalle. L
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