Le agradecí y me despedí. Estaba muy nerviosa. ¿Y si no funcionaba? Busqué entre mis cosas hasta que los encontré. La cara me ardía, sonreí. Nunca me había visualizado seduciendo a un hombre, menos si se trataba del mismísimo dios del hielo.
Elegí el más pequeño. Un bikini rojo pasión, de triángulos que apenas cubrían lo esencial. La tela era suave, con delicados lazos dorados a los lados de la parte inferior y en la espalda. El top era muy escotado. La braguita era un simple hilo que se perdí