Me repetí e intenté ignorarla, pero ya no estaba pensando con la cabeza.
La confrontación en la piscina terminó exactamente como ella quería: yo dentro del agua, su cuerpo enredado en el mío y mi boca devorando la suya.
Cóbrate.
Esas malditas palabras y esa mirada inocente y provocadora al mismo tiempo hicieron pedazos el poco control que me quedaba. Despertaron ese deseo retorcido que sentía por ella, esa necesidad peligrosa de acercarme aunque mi cabeza me gritaba que huyera.
Lo más peligroso