El pulso se me disparó con tanta fuerza que lo sentí en la garganta. Por un segundo estuve segura de que me iba a echar, pero no lo hizo. No alejó la mirada y siguió tocando el piano. Con un leve movimiento de cabeza me invitó a seguir.
Quizás yo estaba imaginando cosas, todo era producto de mi cabeza ya completamente desordenada por su culpa. La parte irracional de mí ganó.
Como siempre. Empujé la puerta lo suficiente para cruzar el umbral sin hacer ruido. El corazón me latía demasiado rápi