Mi expresión era un poema de confusión absoluta. Parpadeé rápido, mi cerebro intentaba procesar la orden mientras mi cuerpo ya empezaba a obedecer por instinto. Las rodillas me flaquearon antes de que pudiera pensarlo dos veces. Levanté la mirada hacia él desde abajo, y joder… verlo así, de pie, dominante, con esa erección brutal marcándose en los pantalones, me hizo tragar saliva con fuerza.
Se acercó un paso más. Sus dedos se deslizaron por mi mandíbula, me obligó a mantener la cabeza en alto