En un movimiento rápido sus brazos rodearon mi cintura y me levantó sin esfuerzo, sentándome en el borde del piano de cola. Con la mano izquierda siguió tocando la melodía, más lenta, más oscura, casi hipnótica. Las notas graves vibraban bajo mi cuerpo, subiendo por mi columna.
Con la mano derecha… empezó a tocarme a mí. Se me escapó un gemido. Cerré los ojos, en ese momento me llegó un recuerdo. Sentí una revolución en el estómago.
Sus dedos bajaron por mi cuello, rozando la piel con la misma