Me fui directo a la biblioteca. Me acomodé tras el escritorio, saqué un libro y empecé a leer. Minutos después apareció, se detuvo bajo el umbral, se giró dispuesta a irse. Cerré el libro de golpe captando su atención.
—Vaya —murmuré —. Así que por fin desarrollaste la habilidad de desaparecer, que interesante.
Abrió los ojos, un leve color subió a sus mejillas. Empezó a jugar con sus dedos, eso lo hacía cuando estaba nerviosa. Sin embargo, mantuvo los hombros derechos.
—Solo respeto los lími