Me quedé paralizada, mi cerebro dejó de funcionar, lo peor, mi mano parecía congelada en lo que yo creía era un bate de béisbol. Morí, en ese momento mi corazón abandonó mi cuerpo, salió corriendo por la puerta y se lanzó al mar. Me levanté como rayo, pero mis pies no tocaron el piso, me enredé en las sábanas y aterricé de culo en el suelo. Él se sentó, ladeó la cabeza y me miró. Toda la piel me ardía de la vergüenza que tenía, estaba roja hasta el pelo. Mi cara estaba tan roja que podría habe