CONTRATO CON EL ARROGANTE CEO.
CAPÍTULO 52.
Durante un segundo temí haber cruzado una línea. Pero entonces vi cómo la sombra en su mirada se quebraba, dando paso a una chispa de curiosidad.
—¿Cómo la llamaste? —arqueó una ceja.
Me cubrí la boca con la mano y cerré los ojos, avergonzada. Escuché sus pasos acercándose. Se agachó frente a mí hasta quedar a mi altura.
—Lo siento… —titubeé.
Aunque me ardiera el culo, en el fondo sabía que esa mujer quizás seguía ocupando un lugar importante en su h