Él se recostó en el otro extremo de la tina, con los brazos extendidos sobre los bordes, la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, totalmente relajado. Lo miré fijamente. Esa sonrisa tímida que tenía antes desapareció. Tomé una decisión suicida.
Me moví despacio a través del agua y me senté a horcajadas sobre él. El contacto de su piel caliente contra la mía me provocó un escalofrío. Levantó la cabeza de golpe y abrió los ojos. Sus iris grises se oscurecieron al instante con una mezcla de dese