Vincent.
No voy a mentir: despertarme y recordar su cara cuando descubrió lo que tenía en la mano fue… glorioso. Esa expresión exacta, entre horror, confusión y ganas de salir corriendo, valía oro.
Se me estaba volviendo una adicción peligrosa provocarla, hacerla sonrojar, ver cómo se le aceleraba la respiración cuando intentaba fingir que no pasaba nada. Pensé:
Entre los vicios que tengo, el de querer follarte siempre es el mejor.
Cada reacción suya era una chispa y yo llevaba gasolina enci