El teléfono satelital vibró en el bolsillo de la chaqueta de cuero de Nicolás Valente. Iba en el asiento trasero de su limusina, revisando informes financieros que no le importaban en lo absoluto.
—Habla —contestó, seco.
—Señor —la voz de uno de sus escoltas de confianza sonó al otro lado—. El objetivo se mueve. Carmen Silva salió de la mansión. Se dirige al Cementerio Central.
Nicolás se tensó. Su mano se cerró en un puño.
—¿Va sola?
—Negativo. Va con la escolta femenina, alias "La Cobra", y c