Capítulo 90: Entre la vida y la muerte.
El disparo sonó seco, pequeño, casi insignificante entre el estruendo del motín.
¡Bang!
Carmen se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra una pared invisible.
Su cuerpo se arqueó hacia atrás. La expresión de alivio en su rostro se transformó en una de confusión absoluta. Llevó sus manos a su abdomen, y cuando las retiró, estaban rojas, brillantes y húmedas.
—No... —susurró ella, y sus piernas fallaron.
—¡NOOOOOOO! —El grito de Nicolás fue animal, desgarrador, un sonido que salió de lo má