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Capítulo 96: Planes nuevos y mudanza.

El invierno en Moscú había cubierto la ciudad con una capa de nieve fina que brillaba bajo el sol suave, y el ático estaba cálido con el olor a café de Doña María y el sonido de Nikolai gorgoteando en su columpio mientras Alexei jugaba cerca con sus camioncitos.

Sofía estaba sentada en el sofá grande, Nikolai en su regazo tomando biberón, ella miraba a su bebé con amor y calidez, y luego levantó la mirada para ver fijamente a Viktor que revisaba papeles en la mesa con Dimitri al lado. Doña María trajinaba en la cocina, preparando algo que olía a empanadas.

—Viktor, amor, ¿qué tanto miran esos papeles? —preguntó Sofía, acomodando al bebé que ya se dormía satisfecho.

Viktor levantó la vista, sonrió y se acercó, besándole la frente con ternura y amor.

—Planes, Sofía. Dimitri y yo estábamos viendo las donaciones del año. El imperio limpio genera mucho, y queremos hacer más.

Dimitri asintió, sentándose a su lado.

—Exacto, jefa. Ya donamos a hospitales infantiles y orfanatos, pero Viktor quiere crear una fundación propia. Algo grande, con tu nombre o el de los niños.

Sofía arqueó una ceja, interesada.

—¿Fundación nuestra? Me gusta. Para niños enfermos, como cuando Alexei tuvo fiebre alta. O para madres solteras, como muchas en Colombia.

Viktor se sentó al lado, con su mano en el vientre algo abultado por lo que dejó el parto y recordando lo que cargaba.

—O para todo. Educación, salud, familias. La llamamos Fundación Volkov... o Fundación Sofía Volkov, si quieres mandar también ahí.

Ella se rió suavemente, acomodando a Nikolai en el moisés.

—Volkov está bien. Pero yo dirijo la parte de becas. ¿Cuánto pensamos poner al inicio?

Dimitri sacó cálculos.

—Diez millones iniciales. Y donaciones anuales del veinte por ciento de ganancias limpias.

Doña María salió con una bandeja de empanadas rellenas de todo tipo.

—¡Eso es hablar como familia rica y buena! ¡En Colombia diríamos “apoyar a mi llave, o valecita, o el compae”! ¡Yo ayudo con la parte de comida para los niños pobres!

Alexei se acercó corriendo.

—¡yo Yaya yo! ¡Para mí!

Todos se rieron.

Viktor agarra una empanada de la bandeja y se la entrega a Alexei.

—Para ti, pequeño. Y para Nikolai cuando crezca.

Sofía miró a todos alrededor, pensativa y con el ceño fruncido en concentración.

—Hablando de crecer… este ático es perfecto, pero con dos niños ya corriendo... quizá necesitamos más espacio. Jardín, habitaciones extras, lugar para que Alexei juegue sin romper todo.

Viktor asintió, serio.

—Tienes razón, amor. Pensaba lo mismo. Una casa fuera de la ciudad, con terreno, seguridad discreta, pero cerca para el imperio.

Dimitri intervino con ideas ya maquinando en su cabeza.

—Hay propiedades buenas en las afueras, mansiones con bosque, piscina cubierta para invierno, espacio para oficina. Puedo buscar mañana.

Sofía sonrió levemente complacida por el rápido pensamiento de Dimitri.

—Y cerca de aeropuerto, para que mamá vuele fácil a Colombia, España, Francia, a dondequiera y cuando quiera.

Doña María aplaudió.

—¡Eso! ¡Y con cocina grande para mis arepas, con postre de mil hojas, María Luisas de postre, ay no puedo imaginarme más!

Viktor miró a Dimitri.

—Por cierto… ¿qué pasa con Irina y Olga? Las sirvientas que teníamos antes. Se fueron cuando... todo era más complicado.

Dimitri sonrió recordando todo lo que había pasado en aquel entonces en la mansión.

—Están esperando tu llamado, jefe. Irina sobre todo. Dice que extraña a Sofía. Se hicieron cercanas, ¿no?

Sofía se emocionó un poco, recordando una vez...

—Sí… Irina era dulce. Una vez, cuando yo apenas... estaba aquí por el contrato, la invité junto con Olga a tomar té en la glorieta. Viktor se enojó tanto, pensando que era rebelión o algo.

Viktor se rió un poco entre arrepentido y nostálgico recordando en ese entonces con su oscuridad que opacaba su corazón.

—Era un idiota posesivo. Me acuerdo perfecto, te vi riendo con ellas y pensé “esta mujer me desafía hasta con las sirvientas”. Ahora me da risa. Esos momentos oscuros... los extraño poquito, porque nos trajeron aquí.

Sofía le apretó la mano con una pequeña sonrisa.

—Llámalas, amor. Irina me caía bien. Y con dos niños y mamá aquí... necesitamos ayuda.

Dimitri sacó el móvil.

—Mañana las llamo. Irina va a llorar de alegría.

Alexei se subió al regazo de Sofía aplaudiendo y rebotando.

—¡Casa grande! ¡Jardín!

Todos se rieron por el entusiasmo del mayor.

Viktor lo cargó en sus brazos y se lo queda viendo.

—Sí, pequeño. Casa grande para correr, para Nikolai, para más hermanos quizá.

Sofía le guiñó ojo ya imaginando posibilidades futuras, y... quizá algo más candente y tácito entre ellos dos.

Dimitri se da cuenta de esto y le hizo recordar, con una sonrisa, aquellos momentos cuando lograba encontrarlos en precarias situaciones que casi lo desestabilizan mentalmente y traumas que preferiría borrar, entonces se ríe un poco al recordarlo.

Sofía mira a Dimitri con una sonrisa ya sospechando, y luego se le acerca a Viktor con Nikolai en brazos.

—Despacio, rey. Primero está hacer la fundación y luego la mudanza.

Doña María levantó una empanada.

—¡Brindis con empanada! ¡Por fundación, casa nueva y familia grande!

Y como si fuera algo elegante, todos tomaron una empanada e hicieron ese extraño brindis, incluso Alexei levantó su empanada a medio comer en el aire y compartieron ese momento especial, el mañana estaría más lleno de sorpresas, por ahora, a dedicar a planificar mejor las próximas ideas.

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