Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 48: Emboscada en el puerto y Traiciones desnudas.
Capítulo 48: Emboscada en el puerto y Traiciones desnudas.

Viktor bajó del auto, pistola lista.

—No suplico, Volkov. Vengo a acabar esto. Anastasia traicionó, tú la respaldas. Dime por qué no te mato ahora.

Anastasia rió, acercándose. —Porque me necesitas, Viktor. Mi padre ofrece rutas a cambio de mí. Olvídate de esa fea latina, vuelve conmigo.

Viktor gruñó. —Sofía es mi reina. Tú eres historia. Volkov, dame las rutas o muere.

Volkov sonrió. —Primero, habla con mi hija. Quizás cambies de idea.

Anastasia tocó su brazo. —Viktor, recuerda nuestras noches. Esa gordita no te da lo que yo.

Él la apartó. —Cállate. Sofía me da todo. Volkov, el trato?.

Volkov sacó un documento. —Firma y Anastasia vuelve. Rutas tuyas.

Sofía, desde el auto, vio la escena por binoculares, marcando a Dimitri. —Es trampa. Anastasia tiene hombres ocultos. Ataca ahora.

Dimitri respondió. —Entendido. Embosco.

Los disparos estallaron, hombres de Volkov saliendo de contenedores, pero Dimitri y sus leales contraatacaron, balas rebotando en metal. Viktor se cubrió, disparando a un guardia que apuntaba a él, sangre salpicando el concreto. Anastasia gritó, sacando su pistola.

—¡Muere, Viktor!.

Él dodged, disparando a su pierna. —No te mato aún. Volkov, ríndete.

Volkov levantó manos. —¡Basta! Tomen las rutas, pero Anastasia vive.

Viktor se acercó, pistola en su sien. —Dime por qué traicionaste. Todo.

Volkov jadeó. —Anastasia me convenció. Quería venganza por echarla. Pero tú ganas. Las rutas son tuyas.

Sofía salió del auto, acercándose pese al peligro. —Viktor, no lo mates. Úsalo como cebo para chechenos.

Viktor miró a Sofía. —Estás aquí? ¡Vuelve al auto!

Ella negó. —No. Volkov, dime dónde se esconde Anastasia realmente. Ella planea más.

Anastasia, herida, se rió. —En Moscú, perra. Pero volveré por Viktor.

Viktor disparó al aire. —Cállate. Dimitri, llévatelos. Volkov, coopera o muere.

Dimitri esposó a Volkov. —Jefe, el puerto asegurado. Perdimos uno, pero ganamos rutas.

Viktor asiente levemente. —Bien. Sofía, al auto. Hablamos después.

De regreso, en la mansión, Viktor la enfrentó en el dormitorio. —Por qué saliste? El bebé....

Ella lo besó. —Por ti. No te dejo solo.

Él la abrazó. —Me salvaste. Volkov confesó todo por ti. Las rutas son nuestras.

Ella sonrió. —Juntos ganamos. Pero ahora, reposa. El doctor viene.

El doctor examinó, confirmando heridas estables. —Descansa, Viktor. Y tú, Sofía, reposo total.

Viktor ignoró, planeando con Sofía. —Volkov en la celda. Interrógalo más.

Ella asintió. —Mañana. Ahora, dime cómo te sientes. Todo.

Él suspiró. —Herido, pero vivo por ti. Te necesito, Sofía.

Ella besó su herida. —Y yo a ti. Duerme, mi rey.

La noche trajo calma, Viktor durmiendo con Sofía a su lado, el poder recuperándose ligeramente, pero la guerra lejos de acabar. Al amanecer, Dimitri reportó: chechenos retrocediendo.

—Volkov coopera, jefe. Dice Anastasia huye a París.

Viktor sonrió. —Bien. Envía hombres. Acabamos con ella.

Sofía intervino. —No la mates. Captúrala. Úsala contra Volkov.

Viktor la besó. —Astuta como siempre. Sí, captúrala viva.

Dimitri salió, dejando a Viktor y Sofía solos.

—Gracias a ti, recupero fuerza. Dime, qué quieres a cambio?.

Ella rió. —Tu recuperación. Y un beso.

Él la besó profundo. —Todo tuyo. Por siempre.

La guerra continuaba, pero su unión era inquebrantable, planes tejiéndose en la intimidad.

Viktor se levantó al mediodía, ignorando el dolor para revisar informes. —Sofía, Volkov quiere hablar. Dice tiene más info.

Ella se vestió. —Vamos juntos. Quiero oírlo.

En la celda, Volkov encadenado levantó la vista.

—Viktor, mi hija se equivocó. Dame libertad, te doy más rutas.

Viktor rió con sus dientes blancos y perfectos.

—No. Dime sobre chechenos. Todo.

Volkov suspiró.

—Líder es Kadyrov, aliado a Anastasia. Atacan mansión pronto.

Sofía preguntó. —¿Cuándo? Detalles.

Volkov miró. —Mañana noche. Hombres de élite.

Viktor gruñó. —Bien. Preparamos defensa.

De vuelta en la oficina, Viktor abrazó a Sofía. —Tu idea salvó el día. Qué haría sin ti?.

Ella besó su cuello, le encanta hacerlo. —Perder. Pero juntos, vencemos.

El día avanzó con preparativos, guardias reforzados, trampas en jardines. Sofía coordinaba desde el salón, Viktor a su lado. —Si atacan, quédate en el búnker—, dijo él.

Ella negó. —No. Lucho contigo.

Él la besó apasionadamente. —Mi valiente. Bien, pero cerca de mí.

La noche cayó con tensión, chechenos acercándose. Disparos estallaron, hombres de Viktor respondiendo. Viktor lideró, disparando desde ventanas, Sofía a su lado con pistola.

—Cúbreme—, gritó él.

Ella disparó, acertando a un enemigo. —Hecho. Cuidado a tu izquierda.

Dimitri reportó. —¡Volkov escapó en el caos!

Viktor gruñó. —Mierda. Enfócate en chechenos.

La batalla duró horas, cuerpos cayendo, mansión dañada. Al amanecer, chechenos retrocedieron, Viktor herido leve en el brazo. —Ganamos—, murmuró, abrazando a Sofía.

Ella besó su herida para calmarlo, ya se acostumbró a besar el dolor de su carne. —Por ahora. Volkov libre es problema".

Él asintió. —Lo encontramos. Pero ahora, reposa conmigo.

Mañana, más caza. Pero esa noche, eran uno. La noche caía sobre la mansión como un velo pesado, el silencio interrumpido solo por el crujido de la madera y el viento invernal que azotaba las ventanas.

Viktor había entrado al dormitorio con sigilo, su cuerpo tenso por el día de planes mafiosos, pero su mirada fija en Sofía, quien yacía en la cama con un camisón ligero que realzaba las curvas del embarazo.

El doctor había insistido en reposo total, pero el deseo entre ellos era un fuego que no se apagaba, y esa noche, Viktor no pudo resistir más, acercándose a ella con un beso urgente que la despertó despacio.

—Sofía, no aguanto más. Te necesito—, murmuró él, desvistiendo con manos temblorosas.

—J*der... yo también, más que a nada, si supieras cuanto me toca aguantar para poder sentirte entero de nuevo.

Viktor gimió en un gruñido de aprobación ante las palabras provocativas de Sofía y se puso como el acero apuntando hacia el sur, presionando con insistencia la suave carne de ella.

Ella jadeó, arqueándose contra él. —Viktor, el bebé... sé cuidadoso.

Él asintió, besando su cuello mientras la posicionaba suavemente, entrando en ella por delante con un empuje lento que la llenó por completo, el calor interno envolviéndolo como un horno ardiente que amenazaba con deshacerlo en segundos.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP