Capítulo 241: Donde el destino aprieta y nadie puede escapar.
La sala de partos estaba inundada de luz blanca, demasiado limpia, demasiado fría para lo que estaba ocurriendo dentro.
Sofía ya no tenía noción del tiempo.
Minutos… horas… segundos… todo se había mezclado en una sola cosa: resistir.
Su cabello estaba pegado a la frente, húmedo, sus manos aferradas a las sábanas como si eso fuera lo único que la mantenía en este mundo. Cada contracción era un golpe directo, brutal, que le arrancaba el aire y le obligaba a cerrar los ojos con fuerza, como