Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 235: Lo que fuimos y lo que elegimos ser.
Capítulo 235: Lo que fuimos y lo que elegimos ser.

Y no es una mirada cualquiera.

Es una de esas miradas que atraviesan, que no se quedan en la superficie, que no se distraen con palabras bonitas ni con gestos aprendidos. Lo ve de verdad. Ve al hombre que tiene enfrente… y también al que fue. Ve el miedo en sus ojos, ese que Viktor jamás le habría mostrado a nadie más, ese que no nace del peligro, ni de las balas, ni de enemigos como Krasnova… sino de algo mucho más simple y mucho más brutal: perderla.

El silencio entre los dos no es incómodo, pero pesa. Pesa como una verdad que ya no se puede esquivar.

Sofía baja la mirada al papel otra vez, lo sostiene entre los dedos, lo estira un poco como si quisiera alisarlo, como si ese gesto pudiera arreglar también lo que representa. El sonido leve del papel arrugado rompiéndose apenas en las esquinas es lo único que se escucha por un instante.

—Un millón…— murmura ella, casi para sí misma, pero lo suficientemente claro para que él lo escuche. —Ese fue mi precio.

Viktor cierra los ojos un segundo.

Ese número le golpea distinto ahora. Antes era solo una cifra, una transacción, algo frío, práctico… ahora suena como una condena.

—No…— dice él en voz baja, negando con la cabeza. —Eso nunca fue tu precio.

Sofía suelta una pequeña risa sin humor, suave, pero con filo.

—Claro que lo fue— responde, sin mirarlo. —Está escrito ahí, ¿no?— levanta apenas el papel. —Firmado. Aceptado. Sellado.

Viktor aprieta las manos entrelazadas, tanto que los nudillos se le ponen blancos.

—Fue mi error— corrige él, con la voz más firme, aunque cargada. —Mi peor error.

Ella gira un poco el rostro hacia él, lo suficiente para observarlo de reojo.

—Uno de muchos— añade ella, pero no con crueldad… sino con una honestidad tranquila que duele más.

Él asiente levemente, y claro que no lo niega, no puede.

—Sí…— admite. —Uno de muchos.

El aire entre los dos se siente denso, pero no hostil. Es como si estuvieran caminando sobre algo frágil, pero necesario.

Sofía respira hondo, bajando lentamente el papel hasta su regazo.

—Yo te odiaba…— dice de pronto, sin adornos. —Te odiaba de una forma que…— hace una pausa corta, buscando la palabra— me enfermaba.

Viktor no aparta la mirada de ella ahora, no huye, no se defiende, solo escucha, atentamente, en silencio.

—Cada vez que me mirabas…— continúa ella, con la voz más baja— sentía que me rompía un poquito más. No solo por lo que hiciste… sino por cómo lo hacías. Como si yo no valiera nada. Como si fuera…— traga saliva —reemplazable.

El golpe es directo y Viktor lo recibe completo.

—Lo sé— murmura él, con la voz quebrándose apenas. —Lo sé… y no hay día en que no me arrepienta de eso.

Sofía finalmente lo mira de frente.

—Y aún así…— continúa ella, inclinando ligeramente la cabeza— me quedé.

Esa parte es la que más lo desconcierta, más que cualquier reproche.

—No lo entiendo— admite él, casi en un susurro. —Nunca lo he entendido.

Ella lo observa unos segundos, como evaluándolo.

—Yo tampoco… al principio— responde. —Pensé que era debilidad. Costumbre. Miedo.

Hace una pequeña pausa, bajando la mirada un instante hacia su vientre antes de volver a él.

—Pero no era eso.

Viktor traga saliva, apenas.

—Entonces… ¿qué era?

Sofía se acerca un poco más, lo suficiente para que sus rodillas casi rocen.

—Era que empezaste a cambiar— dice, con una calma firme. —Muy tarde, sí… muy torpemente también… pero cambiaste.

Él suelta una pequeña exhalación, como si eso doliera más que un reproche.

—No fue suficiente— dice.

—No— responde ella de inmediato. —No lo fue.

Silencio breve.

—Pero fue real.

Ahí es donde algo en él se quiebra.

No de forma dramática… sino silenciosa.

Sus ojos se humedecen más, y esta vez no intenta ocultarlo.

—Yo…— empieza, pero se le corta la voz. Se pasa una mano por el rostro, frustrado consigo mismo. —No sé cómo borrar todo eso.

Sofía niega suavemente con la cabeza.

—No puedes.

Eso lo hace mirarla de golpe.

—No puedes borrar lo que hiciste— continúa ella. —Ni yo puedo borrar lo que viví.

El aire se queda suspendido entre los dos.

—Pero sí podemos decidir qué hacemos con eso.

Viktor la observa, atento, como si cada palabra fuera una cuerda a la que aferrarse.

Sofía levanta el papel otra vez… lo mira… lo gira entre sus dedos.

—Esto…— dice, moviéndolo levemente— ya no significa lo mismo.

Él frunce el ceño apenas.

—¿No?

Ella niega.

—Antes era una cadena— explica. —Ahora… es un recordatorio.

—¿De qué?— pregunta él, casi con miedo a la respuesta.

Sofía lo mira directo. —De lo lejos que hemos llegado.

Eso no se lo esperaba para nada. Viktor se queda en silencio, procesando eso, como si su cabeza no terminara de encajar la idea.

—Y también…— añade ella, más suave— de lo fácil que sería volver a caer… si dejamos de intentarlo.

Ahí sí.

Ahí sí lo entiende, y lo asiente lentamente.

—No voy a volver a ser ese hombre— dice con una firmeza distinta, más profunda. —Ni contigo… ni con nadie.

Sofía lo sostiene con la mirada unos segundos más, como midiendo el peso de esas palabras.

Y luego… simplemente deja el papel a un lado.

No lo rompe, no se le ocurre quemarlo, solo lo aparta, lo pone a un lado sobre la mesita de noche.

Y eso… dice más que cualquier gesto dramático.

—Entonces demuéstralo— murmura ella.

Viktor no responde con palabras.

Se acerca a ella despacio, como si aún tuviera miedo de que ella retroceda.

Pero no lo hace.

Al contrario… Sofía acorta la distancia primero.

Y cuando él finalmente la abraza, no hay desesperación en el gesto… hay necesidad, sí… pero también algo más tranquilo… más real.

Él hunde el rostro en su cabello, respirando hondo, como si necesitara asegurarse de que sigue ahí.

—No te voy a perder…— murmura contra ella, su voz amortiguada por su piel.

Sofía cierra los ojos un segundo, apoyándose contra su pecho.

—Entonces deja de actuar como si ya lo hubieras hecho.

El golpe es suave… pero directo.

Y Viktor asiente contra su cabeza.

—Tienes razón.

Se quedan así unos segundos más, en silencio, pero esta vez… no pesa igual.

Ya no es tensión, sino reconstrucción, una lenta… imperfecta… pero firme. Después de un momento, Sofía se separa un poco, lo justo para mirarlo.

—Tenemos problemas más grandes ahora— dice, volviendo a la realidad. —Krasnova no vino a jugar.

Viktor aprieta la mandíbula.

—Lo sé.

—Y si pudo llegar hasta nosotros una vez…— añade ella— puede volver a hacerlo.

Él asiente.

—Esta vez no la voy a subestimar.

Sofía lo observa con seriedad.

—Más te vale.

Hay un pequeño silencio… y luego, una chispa leve en sus ojos.

—Porque ahora no estás solo.

Viktor deja escapar una leve sonrisa, cansada… pero sincera.

—Nunca lo estuve… solo que fui demasiado idiota para verlo.

Sofía alza una ceja. —Ah, ¿recién te das cuenta?

Él suelta una pequeña risa, bajita. —Sí… me tomó un par de golpes de realidad.

—Y balas— añade ella.

—Y balas— confirma él.

Por un momento, la tensión baja lo suficiente para dejar espacio a algo más ligero… algo que se siente casi normal.

Pero afuera… El mundo sigue moviéndose. Y Krasnova no ha terminado, Sofía lo sabe, Viktor también, pero ahora… al menos… Están del mismo lado. Y eso cambia todo.

Sofía no se aparta del todo, pero sí lo suficiente para mirarlo con más claridad, como si ahora necesitara verlo no solo como su esposo… sino como el hombre que tiene que tomar decisiones por todos. Sus dedos siguen apoyados en su pecho, sintiendo su respiración todavía un poco agitada, y por un segundo duda, no porque no sepa qué decir… sino porque sabe que lo que viene no es suave.

—¿Y ahora qué, Viktor?— pregunta al fin, sin rodeos, con esa calma seria que corta más que un grito.

Él no responde de inmediato.

La pregunta no es simple… y él lo sabe.

Sofía continúa, porque no puede quedarse callada, no después de todo lo que ya entendió.

—Los proyectos están detenidos…— dice, bajando un poco la mirada, pero sin perder firmeza. —RUBCOL… todo lo que construimos… está en pausa, y no por decisión propia.

Aprieta levemente los labios.

—Y los niños…— añade, volviendo a alzar la vista —no pienso exponerlos. No ahora.

Viktor asiente apenas, escuchando cada palabra como si fuera una orden que ya había aceptado antes de que ella la dijera.

—Podemos hablar con la rectora— continúa Sofía— que les manden las clases, las tareas… Elena y yo podemos encargarnos de ellos aquí, mantenerlos ocupados, protegidos… dentro de lo posible.

Hace una pequeña pausa, su mano baja ahora hasta su vientre, acariciándolo con instinto.

—Pero esto no puede quedarse así— añade más bajo, pero más intenso. —No podemos vivir encerrados… esperando a ver cuándo vuelve a aparecer.

Viktor siente cómo cada palabra se le clava, no como reproche… sino como realidad.

Sofía da un paso más hacia él, acortando esa pequeña distancia que quedaba.

—Esa mujer…— murmura —puede dormir a todos con ese… lo que sea que usó. Sin ruido. Sin aviso.

Su voz se vuelve apenas más tensa.

—Eso es lo que más miedo me da.

El silencio que sigue no es vacío, es denso, porque ambos saben que eso no es una exageración.

Es un hecho.

Viktor aprieta la mandíbula, sus ojos se endurecen de nuevo, pero esta vez no desde la impulsividad… sino desde algo más frío, más calculado.

Más peligroso.

—No va a volver a tomarnos desprevenidos— dice finalmente, con una voz baja, firme, que ya no tiembla.

Sofía lo observa, buscándole la verdad en la mirada.

—Entonces encuentra una solución— responde ella, sin suavizarlo. —Una real. Una que nos saque de esto.

Se acerca un poco más, hasta que prácticamente están frente a frente.

—No quiero vivir esperando el próximo ataque— añade. —Quiero que esto termine.

Viktor asiente lentamente. —Va a terminar.

Pero esta vez no suena como promesa vacía.

Suena como decisión.

Sofía lo estudia un segundo más… y luego su expresión cambia apenas, suavizándose, pero sin perder esa fuerza.

—Sé fuerte, Viktor— murmura, más cerca ahora, su voz más baja, más íntima. —Porque todos dependen de ti.

Él baja la mirada un instante, como si ese peso le cayera completo encima. Pero antes de que pueda decir algo… Sofía levanta la mano y toma su rostro.

Obligándolo a mirarla.

—Y tú también dependes de mí— añade, con una firmeza que no admite discusión.

Eso lo desconcierta un segundo. —No eres el único que protege aquí.

Sus ojos se suavizan apenas, pero no pierde intensidad. —Así como tú cuidas de todos… yo voy a cuidarte a ti.

Viktor se derrite en el contacto, sus palabras lo golpean suaves pero bien recibidas, llenas de cruda verdad para poder motivarlo.

Es algo que Viktor… no está acostumbrado a recibir.

—Sofía…— intenta decir, pero se queda corto.

Ella niega suavemente con la cabeza, acercándose lo suficiente para rozar su frente con la de él.

—No te voy a dejar caer— susurra. —Ni aunque tú mismo lo intentes.

Eso… lo desarma más que cualquier enemigo.

Viktor cierra los ojos un segundo, apoyándose en ese contacto, respirando hondo, como si necesitara ese ancla para no perderse.

—Entonces…— murmura él, abriendo los ojos otra vez— vamos a terminar esto juntos.

Sofía asiente. —Juntos.

Y por primera vez desde que todo empezó a desmoronarse…

No suena a consuelo, suena a estrategia a decisión, a guerra… pero en el mismo bando.

Afuera, la casa sigue viva, las voces, los pasos, la rutina intentando volver a la normalidad.

Pero dentro de esa habitación… Algo cambió. Ya no están reaccionando.

Ahora… Están preparándose. Y esta vez… No van a esperar a que Krasnova haga el primer movimiento.

Sofía se inclina un poco más hasta que sus labios se encuentran, un beso lento, profundo, uno en el que olvidaron como se sentía el otro, claro, todo el problema los mantenía ocupados, pero ahora, desaforadamente se necesitaban el uno al otro como si de no poder respirar se tratase.

Viktor saborea cada rincón de Sofía, ella gime suave, hacia tiempo que no la besaba así, estaba tan ocupado en esos deberes, que ambos habían olvidado por completo, lo que era sentirse un verdadero beso, las manos más grandes acarician casi con urgencia el cuerpo de Sofía, y acaricia positivamente su vientre.

—Joder...— dice sin aliento después de soltar el beso. —Esta abstinencia me está matando...

Sofía sonríe levemente, y busca sus labios de nuevo. —Tienes que aguantar, por mí y por la bebé— dijo entre besos.

Viktor gime de necesidad, la necesitaba, pero sabía que no podía, sin embargo, ella le quita los botones de la camisa, lentamente, como si fuera a suceder, aunque debían mantener la calma, sus manos lo acarician por completo, y lo encuentra en donde más lo necesitaba.

Él ya no tenía palabras, solo gimoteos de necesidad con los ojos vidriosos aguantando el placer, pero Sofía lo ayudaba, sus manos recorriendo donde palpitaba y le dolía.

Viktor inclina la cabeza hacia atrás, apretando las sábanas con fuerza, como si hubiera retenido mucho dolor, mucho estrés, y Sofía lo comprendía, ella lo estab adorando con sus manos, sus labios húmedos. Él no pudo contenerse más, y se deshace en sus labios, no llora, pero las lágrimas se le habían acumulado, el dolor interno se le había desvanecido, ese que pesaba dentro de su corazón.

—Sofía... yo... te amo mucho, Dios, te amo como a nadie más he podido amar...

Su voz se le quiebra, y con cuidado, atrae a Sofía hacia sus brazos, y ahí... ahí llora, por fin llora, entierra el rostro en su pecho, y ella puede sentir sus lágrimas.

—Aquí estoy, mi amor, y siempre estaré, siempre te cuidaré, y nunca me voy a ir.

Sofía también siente los ojos húmedos, y baja los labios para besar su frente. —También te amo, como a nadie más, mi vida, mi primer hombre,mi primer amor.

Viktor sacude los hombros, la abraza con felicidad, con amor, con miles de emociones que brotaban de su ser, y con solo abrazarla en ese momento, era suficiente.

Los dos se quedan abrazados, acostados en la cama, Viktor se quedó dormido, casi como un lindo bebé inocente, Sofía baja la mirada viendo su rostro apacible, sereno, las arrugas de preocupación se le habían desvanecido, mostrando las verdaderas de su edad presente, ella sonríe, lo ama de verdad, le acaricia el cabello y susurra nanas suaves que salen de sus labios, dejando que el pequeño gigante descanse como merece.

Por ahora todo se sentían bien, y Sofía, deseaba con todas sus fuerzas que puedan librarse pronto de todos los problemas y preocupaciones, porque daría todo por ver sonreír una vez más a su amado. Viktor Ivanov.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP