Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 231: Un movimiento en el vientre que se fue y vino.
Capítulo 231: Un movimiento en el vientre que se fue y vino.

La habitación permanecía en penumbra, iluminada apenas por la luz tenue de una lámpara encendida en una esquina, lo suficiente para no dejarlos completamente a oscuras, pero tampoco para romper la calma que, poco a poco, iba envolviendo el ambiente.

Sofía no se había movido.

Seguía ahí, cerca de Viktor, con su mano apoyada aún sobre su pecho, sintiendo el ritmo constante de su corazón, ese latido firme que, de alguna manera, siempre lograba tranquilizarla, incluso cuando todo a su alrededor parecía desmoronarse. Él tampoco se había apartado, su respiración más lenta ahora, más pesada, como si el cansancio finalmente empezara a reclamarle el cuerpo.

Pero ninguno de los dos dormía todavía.

—¿Te duele?— preguntó Sofía en voz baja, sin levantar la mirada.

Viktor soltó una pequeña exhalación, casi una risa sin humor.

—Nada que no haya sentido antes…

Ella frunció ligeramente el ceño.

—No te hagas el fuerte conmigo…— murmuró, deslizando los dedos con cuidado cerca de la venda en su hombro. —Eso se ve feo.

—Se ve peor de lo que es.

—Siempre dices lo mismo…

Él giró un poco el rostro para mirarla, y por un momento, algo más suave cruzó su expresión.

—Porque casi siempre es verdad.

Sofía levantó la mirada entonces, sosteniéndola, como si quisiera medir cuánto de eso era realmente cierto y cuánto simplemente… costumbre.

—No me gusta cuando te pasa algo…— admitió, más bajito. —No importa si dices que no es nada.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue… honesto.

Viktor llevó su mano hasta la de ella, entrelazando los dedos con suavidad, algo que no hacía por inercia, sino con intención.

—Y a mí no me gusta ponerte en peligro… —respondió finalmente.

Ahí estaba.

Sin rodeos.

Sofía bajó la mirada apenas un segundo, pero no apartó la mano.

—Entonces deja de hacerlo…— dijo, sin dureza, pero con una firmeza tranquila que pesaba más que cualquier reclamo.

Viktor no respondió porque no podía prometer eso, y ambos lo sabían.

El silencio volvió a instalarse, pero esta vez no era tenso, sino… cansado, como si los dos entendieran que había cosas que no se resolvían en una sola conversación, ni en una sola noche.

Sofía suspiró suavemente, apoyando ahora la cabeza contra su pecho, acomodándose con más confianza, como si ese fuera su lugar natural.

—Estoy agotada…— murmuró.

—Se nota…

—No he dormido nada desde… todo eso…

No hizo falta especificar.

Viktor deslizó su mano con cuidado por su espalda, en un gesto lento, casi automático, pero lleno de esa calma que pocas veces mostraba.

—Duerme…— dijo en voz baja. —Yo estoy aquí.

Sofía cerró los ojos y esta vez… sí se dejó ir.

El cansancio la venció rápido, su respiración volviéndose más profunda, más tranquila, mientras su cuerpo finalmente se rendía después de todo lo vivido. Viktor permaneció despierto un poco más, mirando el techo, sintiendo el peso de todo lo que aún no terminaba, de todo lo que venía… pero al final, incluso él terminó cediendo, cerrando los ojos con Sofía aún entre sus brazos.

La noche pasó y con ella… una calma engañosa.

A la mañana siguiente…

La luz natural se filtró lentamente por las cortinas, dibujando líneas suaves sobre la habitación. El mundo afuera parecía normal, tranquilo, como si nada hubiera ocurrido, como si la noche anterior no hubiera dejado ninguna marca.

Pero dentro…

Algo cambió.

Sofía abrió los ojos despacio, todavía medio adormilada, sintiendo el calor del cuerpo de Viktor cerca, su brazo rodeándola con esa posesión tranquila que ya se había vuelto costumbre. Por un momento, no se movió, disfrutando ese pequeño espacio de paz que tanto le había costado encontrar.

Hasta que… lo sintió, un movimiento, su mano fue directo a su vientre.

Al principio fue leve… casi imperceptible… pero suficiente para hacerla tensarse ligeramente. Su respiración se detuvo por un segundo mientras prestaba atención, esperando.

Otro pequeño movimiento.

Más claro.

—¿Ya…?— murmuró, apenas audible, su corazón acelerándose de golpe.

Se incorporó un poco, apoyándose sobre el codo, concentrándose completamente en esa sensación, esperando que se repitiera, que aumentara, que confirmara lo que su mente ya empezaba a imaginar.

Pero entonces… nada, el movimiento desapareció así de rápido como había venido, como si nunca hubiera estado ahí.

Sofía frunció el ceño, bajando la mirada hacia su vientre, su mano presionando suavemente, esperando alguna respuesta.

—No… no, espera…— susurró, más para sí misma que para alguien más.

El silencio fue lo único que recibió.

Y eso…

Eso no le gustó.

Una pequeña inquietud comenzó a formarse en su pecho, creciendo despacio pero firme, como una sensación que no podía ignorar del todo. No era dolor. No era algo claro.

Era… ausencia.

—Seguro no fue nada…— intentó convencerse, respirando hondo. —Solo… se movió y ya…

Pero su mente no se quedó tranquila, porque ahora… estaba pensando en Elena, en lo que había pasado.

En lo rápido que todo podía cambiar.

Sin pensarlo demasiado, tomó su teléfono que estaba sobre la mesita de noche, moviéndose con cuidado para no despertar a Viktor, quien seguía profundamente dormido, ajeno por unos segundos más a esa nueva inquietud que comenzaba a crecer.

Marcó.

El tono sonó una vez, dos, tres, Sofía apretó un poco más el teléfono contra su oído.

Hasta que finalmente…

—¿Hola…? —la voz de Elena se escuchó al otro lado, algo cansada, pero estable.

Sofía soltó un pequeño suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

—Elena… soy yo…

—Sofía…— respondió, ahora más despierta. —¿Todo bien?

Sofía dudó apenas un segundo, no quería sonar alarmada, pero tampoco podía ignorarlo.

—Sí… bueno… creo que sí…— dijo, acomodándose mejor en la cama. —Solo quería saber cómo estás… cómo te sientes… después de todo…

Del otro lado hubo un pequeño silencio, seguido de una exhalación suave.

—Cansada… pero bien…— respondió Elena. —El bebé está bien… yo estoy bien… solo… recuperándome.

Sofía sonrió levemente. —Me alegra… de verdad…

Bajó la mirada hacia su vientre otra vez, su mano aún apoyada ahí.

—Misha ya los extraña…— añadió con una pequeña risa. —No ha dejado de preguntar por su hermanito.

Elena soltó una risa suave al otro lado.

—Eso suena a él…

—Sí… está feliz… aunque no lo admita del todo.

Un pequeño silencio se coló entre ambas.

Sofía dudó, pero al final…

—Oye…— murmuró. —Cuando estabas… antes de que naciera… ¿sentías cosas raras? O sea… movimientos… y luego nada…

Elena guardó silencio unos segundos más.

—A veces…— respondió finalmente. —No siempre es constante… hay momentos en los que se mueven mucho… y otros en los que no tanto…

Sofía asintió lentamente, aunque Elena no podía verla.

—Ya…

—¿Te pasó algo?— preguntó Elena, ahora con un tono más atento.

Sofía miró su vientre otra vez.

—No… bueno… creo que no… solo… sentí algo… y luego se fue…

Elena dudó un segundo.

—Puede ser normal… pero si te vuelve a pasar… o si sientes algo raro… díselo a Ana… ¿sí?

Sofía asintió, ahora un poco más tranquila.

—Sí… lo haré…

Ambas se quedaron en silencio un momento más.

Pero esta vez… no era incómodo, era… compartido.

—Gracias…— murmuró Sofía.

—Para eso estamos…

La llamada terminó poco después.

Sofía dejó el teléfono a un lado, volviendo a recostarse lentamente, su mano regresando a su vientre casi por instinto.

Respiró hondo, intentando calmar esa pequeña inquietud, convenciéndose de que no era nada, de que todo estaba bien, de que… solo había sido un momento.

Pero en el fondo… muy en el fondo… esa sensación no desapareció del todo.

Y eso…

Eso era lo que realmente la inquietaba.

Sofía permaneció unos segundos más en silencio después de colgar, con la mirada perdida en algún punto invisible del techo, como si intentara convencerse de que todo estaba bien solo repitiéndoselo en la cabeza. Su mano seguía apoyada sobre su vientre, inmóvil, esperando… como si con solo eso pudiera provocar otra vez ese pequeño movimiento que la había inquietado.

Pero nada, el silencio volvió a instalarse ahí, y esta vez… se sentía más pesado.

A su lado, Viktor se movió.

Un leve gruñido escapó de sus labios mientras estiraba el brazo con pereza, su cuerpo reaccionando al descanso que, aunque corto, había sido necesario. Parpadeó un par de veces, adaptándose a la luz de la mañana, y lo primero que vio… fue a ella.

A su Sofía despierta, pero con cara seria, callada, eso fue suficiente para que el sueño se le quitara de golpe.

—¿Qué pasó amor…?— murmuró con la voz aún ronca, incorporándose un poco. —¿Por qué estás así?

Sofía giró apenas el rostro hacia él, y aunque intentó sonreír, no le salió del todo natural.

—Nada…— respondió suavemente. —Bueno… no nada…

Viktor se apoyó sobre un codo, observándola con más atención ahora, su expresión cambiando de inmediato a algo más alerta.

—Sofía…

Ella suspiró bajito.

—Sentí un movimiento…— admitió, bajando la mirada hacia su vientre. —Pensé que… que ya venía o algo así… pero fue muy rápido… y después… nada…

Viktor frunció levemente el ceño, no con pánico, pero sí con atención.

—¿Te duele?

—No…— negó enseguida. —No duele… solo… fue raro…

Hubo un pequeño silencio.

Y luego…

Ella lo miró otra vez, más tranquila esta vez.

—Ya hablé con Elena… me dijo que a veces pasa… que no siempre se mueve igual… recuerda que, con Alexei fue directo, nada de amagues, y con Nikolai también, todo fue de golpe, sin movimientos leves ni nada, era parto de una...

Viktor la sostuvo la mirada unos segundos más, como evaluando si eso realmente la había calmado.

Y entonces… sin decir nada…

Se acercó.

Deslizó la mano con cuidado sobre su vientre, con una delicadeza que contrastaba completamente con todo lo que era él en otros momentos, y luego se inclinó despacio, apoyando sus labios sobre la tela.

Un beso suave y álido, intencional, Sofía lo miró, sorprendida.

—¿Qué haces…?— murmuró, apenas.

Viktor no levantó la mirada de inmediato.

Su mano seguía ahí, acariciando con lentitud.

—Nada…— dijo en voz baja. —Es que… papá estaba dormido…

Sofía no pudo evitar que una pequeña sonrisa se le escapara, a pesar de todo.

—¿Ah sí…?

Él alzó apenas la mirada, con ese brillo leve en los ojos.

—Sí…— murmuró. —Pero si papá hace esto…

Volvió a inclinarse, da otro beso, uno más firme esta vez.

Y su mano acompañó el gesto, acariciando con más intención, más presencia, como si realmente estuviera tratando de comunicarse.

—…entonces tiene que responderle…

Sofía soltó una pequeña risa suave, negando apenas con la cabeza.

—Estás loco…

Pero no alcanzó a decir mucho más, porque entonces… lo sintió, un pequeño movimiento.

Claro e inconfundible.

Sus ojos se abrieron ligeramente.

—Viktor…— susurró.

Él se quedó quieto y entonces, otro, un leve golpecito, luego otro más, más definidos, más presentes.

Sofía dejó escapar una pequeña risa nerviosa, mezclada con alivio, mientras llevaba ambas manos a su vientre.

—¿Lo sentiste…?— murmuró, mirándolo.

Viktor no respondió de inmediato, pero su expresión lo dijo todo, una mezcla rara en él.

Sorpresa, calma, algo… que muy pocas veces se le veía.

—Sí…— respondió finalmente, con una voz más suave de lo normal.

Se quedó ahí un segundo más, con la mano aún sobre su vientre, como si no quisiera perder ese contacto, como si ese pequeño momento valiera más que todo lo demás que estaba pasando.

Sofía soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo.

—Me asusté…— admitió bajito. —Pensé que algo estaba mal…

Viktor subió la mirada hacia ella, acercándose un poco más.

—Está bien…— dijo con firmeza tranquila. —Está ahí… ¿ves?

Su pulgar se movió suavemente sobre la tela, justo donde habían sentido el movimiento.

—Solo estaba… esperando a que papá despertara…

Sofía sonrió, esta vez de verdad. —Claro… seguro era eso… pero no lo contradijo, no quiso, porque en ese momento, después del susto… después de todo lo que habían vivido, ese pequeño instante…

Se sentía como un respiro, uno que ambos necesitaban más de lo que estaban dispuestos a admitir.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP